Entendemos que durante la infancia y adolescencia pueden surgir problemas relacionados con el comportamiento, con las emociones, con el pensamiento… y tales problemas pueden manifestarse en casa, en la escuela y en otros entornos, a modo de actitudes desafiantes, incumplimiento de normas, agresividad o estados emocionales desajustados.
¿En qué consiste?
Realizamos una valoración del menor para conocerle (qué le gusta, qué siente, qué le preocupa, qué le hace feliz, qué le enfada…) y para entender qué está ocurriendo en alguno de sus entornos o a sí mismo que no está favoreciendo su bienestar, o que está provocando comportamientos inadecuados ya sea en el entorno familiar o escolar.
Una vez analizado cómo se relaciona el menor en los diferentes entornos en los que se desenvuelve, se realiza la intervención.
A través de la conducta (actividades, juegos, manualidades) podemos modelar, enseñar, instruir y practicar aquellos aprendizajes que les ayudan a mejorar, y que son una alternativa de conducta adecuada cuya función es positiva.
También consideramos muy importante el trabajo y apoyo con las familias en el proceso terapéutico. De esta forma, promovemos un entorno de apoyo que potencia el bienestar emocional y el desarrollo integral de los menores.
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